Escribo estas palabras sabiendo que nadie va a creerlas. Pero lo aquí relatado, ocurrió.

Los gélidos vientos de la estepa ártica me enseñaron sobre soledad, ahora estoy solo en una triste y oscura ciudad llena de aquella gente a la que detesto, esos bellacos que se esconden tras las armas de otros tantos ignorantes… esto que todos llaman orden yo lo llamo opresión. Y es por este motivo que cuando me vi insultado por aquel bastardo en la taberna no dude ni un segundo en sacar mis armas. Seguramente ese sujeto está acostumbrado a esta pequeña burbuja, en donde los hombres se odian, pero ninguno saca un cuchillo para luchar, que estupidez lo que se respira en el aire de este lugar… esta “Paz” es una mentira... y por eso, cuando el infeliz trato de atraparme le asenté un golpe directo con la hoja de mi espada. Y cuando los guardias vinieron a hacer cumplir la “autoridad” les recordé a golpes la falsedad de esta ciudad, les enseñe que la ley que escriben gordos nobles en cómodos sillones no son reglas divinas inquebrantables, al contrario, son solo palabras a las que un guerrero puede elegir atenerse o no. Deberían haber visto la sorpresa en sus caras…

Desperté en una celda, algo apenado por mi corta carrera como educador pero satisfecho de poder descansar en algún lugar tranquilo, unas monedas después ya estaba otra vez en la taberna esperando que algún camarada se presente para ir tras el rastro de esos odiosos medianos timadores. Dorian llego al lugar y lejos de poder explicar la nueva información sobre los medianos tuve que lidiar con su espada que trataba de absorber su mano, vaya metales que carga consigo… luego de consultar a una arcana y juntar un rastro de curiosos que están por ahí, todos terminamos en los aposentos de Dorian donde descubrimos un huevo de dragón dorado. Por algún motivo nadie quería tocarlo, admito que eh guardado cosas raras en mis habitaciones pero ¿un huevo? Nadie parecía querer cargarlo y mencionaron que quien lo tocara seria perseguido por un dragón rojo de increíble maldad y bla bla bla ya saben, toda clase de palabras que suelen usar los bardos para describir situaciones en las que solo hay que cargar una maldita cosa…. Así que cargue el huevo, lo envolví con mi brazo, protegiéndole…. En ese momento estaba siendo impulsivo, tal vez víctima de tanta charla por parte de mis compañeros, pero en verdad al cargar el huevo sentí que debía protegerlo y llevarlo donde perteneciera. Además la idea de molestar a un rojo me fue bastante divertida. Así la niña, Dorian, kain, el Arcano de aspecto macabro, muchacho, el elfo y yo nos lanzamos a la tarea de devolver el huevo. La diversión termino cuando buscando un portal que la niña Vatra decía capaz de devolver al huevo nos vimos rodeados de olor a azufre… aun con mi puro casi en la garganta el tabaco no pudo tapar ese aroma. Apareció un sujeto y me fue evidente que era un maldito rojo, su presencia era impresionante, maldije por mi estúpido sentido del humor y me eche a correr sin mediar palabra alguna, tenía que proteger el huevo y para eso era mejor usar la vieja táctica de permanecer con vida.

Volví a encontrar al grupo, esta vez en el puerto de Rivelia, quería hacerme a la mar, intentar atrapar al rojo adentro del barco y hundirlo para así ahogarlo pero mis compañeros ni siquiera dejaron explicar la idea, supongo que solo la parte de lanzarnos a la mar les pareció lo suficientemente suicida. El muchacho se paró frente a mí, otra vez altanero, preguntando por mis razones para conservar un huevo que podría traerme la muerte… recordé las incontables veces que mis huevos me habían puesto en peligro, y la misma cantidad había podido conservarlos así que lo mire con desgano y no le di mucha importancia, dudo que pueda entender mi pensamiento, aun es joven, aun es estúpido. A la niña se le dio por hacerse escuchar a través de las artes e intento un conjuro mediocre el cual evite gracias a mi conocimiento. Todavía no entiendo por qué lanzo ese conjuro cuando claramente estaba dispuesto a seguirla… de hecho así fue, todos la seguimos hasta donde nos dijo estaba el portal… cosas de niños.

En el lugar del portal, paranoicos por el dragón que nos pisaba los talones, decidimos apurar las cosas. El arcano y yo estudiamos la situación, debo decir que aquel arcano es muy competente, pudo dilucidar el funcionamiento y juntos intentamos activar el portal. En un dramático giro del destino, mientras el huevo estaba estratégicamente acomodado en el centro de aquel lugar con nosotros totalmente concentrados sobre el…. El elfo sin nombre de oscuras ropas puso su daga en la espalda del arcano, interrumpiendo su estado de concentración y arruinando la activación… alego unas cuantas cosas sobre llevarse el huevo que no recuerdo muy bien pero que sonaron bastante impresionantes, por desgracia canalice la energía para conjurar sobre él y quedo paralizado. Créanme, si hubiera podido moverse su cara… ja! No puedo imaginarlo y aun así me da gracia. Sauros miro con odio al elfo, pero como dije, es un sujeto inteligente, tal vez le consulte sobre las artes en algún futuro, se contuvo y volvimos a iniciar nuestra lucha por el portal, ni bien cobro forma y estuvo operativo, huevo en mano, salte a cruzarlo y todos terminamos algo mareados en la isla de las mujeres desnudas. Si tan solo esto fuera una novela… ya quisieran, la verdad es que terminamos en una isla desconocida, sin comida, siendo atacados por aberraciones, criaturas marinas y seres de otros planos, mierda fue duro, más de una vez creí que todos morirían… y en más de una vez el elfo, demostró destreza en combate y nos salvó el pellejo, ganándose mi respeto… su nombre, Viajen creo. Después de recorrer la maldita isla encontramos una cueva, me metí sin dudarlo esperando no morir ahogado en el subir de la marea. Dentro de la cueva al fin se respiró un poco de paz, cargar el huevo ya se me hacía tedioso, jamás extrañe tanto mi espada como ese día… resolvimos que descansar en el lugar desconocido de la isla extraplanaria macabra llena de enemigos no era una muy buena idea… y seguimos caminando recorriendo el lugar. Mis botas mojadas… La arena en mi armadura… el huevo, el escudo… el calor… así soy yo. Recuerdo haber pensado ¿Por qué mi deber nunca me lleva a lugares bonitos? Pero… el tiempo daría vuelta mis palabras con creces.

Recorrimos todo el lugar, el arcano y kain casi mueren víctimas de los escarabajos de tesoro, curiosas criaturas, parecen monedas de oro pero son escarabajos que se meten bajo la piel y te comen desde adentro, todo por intentar robar un par de monedas, como si tanto viaje fuera para ser vulgares ladrones de oro… los humanos y el oro merecen unos cuantos libros pero no más que estas líneas en este relato. En otra habitación rodeada de espejos sentí la terrible necesidad de que la niña sufriera un accidente en el cráneo con mi espada involucrada, pero cansado, deje pasar aquel incidente.

Finalmente Llegamos a la recamara principal y allí, la vi… una dragona dorada masiva, su mismísimo ser invocaba respeto y temor, no se le ocurrió nada mejor que callar. Ni siquiera me atreví a pitar mi puro antes de que me dirigiera la palabra. En su sabiduría la dragona adquirió forma humana y ¡que formas!. La mujer más bella que mis ojos advirtieron a través del yelmo, la gracia de Sune hecha persona, tanta belleza… conmueve, mi yelmo oculto mi sopor por ella y mientras nos ofrecía recompensas por el huevo que habíamos regresado yo solo me dedicaba a mirarle. Cuando me ofreció recompensa, volví entonces mis ideas, a mi misión, explique a la bella que necesitaba explosivos como para volar una buena porción de Tyrael, ahora que lo pienso no suena muy bien… el tacto nunca fue mi herramienta principal. La mujer me miro extrañada y me pregunto el motivo de mi pedido y cuando le dije que para destruir un poblado, su mirada y su gesto me dieron a entender lo imperfecto de mi arte con las palabras. El reproche se hiso a una velocidad que casi me impidió explicarme. Le dije que necesitaba los explosivos para volar del mapa una ciudad maldita llena de animas en pena... Dyafan. Los otros hicieron sus pedidos, no escuche mucho, estaba maquinando como reparar el asunto con la dama, hice gala de mi perfil bueno y me acerque a ella disculpándome por mis toscos modales y mi hablar mundano, le encomendé que dejara un momento para explicarme… y ella asintió interesada al misterio de no comprender del todo mis intenciones. Entrego a cada quien su recompensa y abrió un portal… todos lo atravesaron menos yo. Me quede a cruzar palabras con ella y lo que allí ocurrió sobrepaso a cualquier imaginar de mi ilusa cabeza, bien atrás quedo la isla de las mujeres desnudas… hablando de bocados, compañeros y soledades compartimos un momento fugaz que ganó inmortalidad en mis recuerdos. Nunca olvidare la pasión de esa mujer, siquiera pude terminar de hablar, supongo que en la sabiduría de su experiencia, era evidente que a veces… a veces las palabras sobran.

Volvi a Ternamir poco después, fulminado por tanto esfuerzo, con una sonrisa que de no ser por el yelmo habría asustado a más de uno. Encendí mi cigarrillo y aspire la paz con fuerza, lance una mirada al cielo y me pregunte si en este breve pero intenso existir que es mi vida volvería a verle…